martes, abril 24, 2007

Las razones de Juanita


JUANITA lo asesinó con saña: primero lo golpeó con unas pinzas largas, de esas que se usan para romper candados, le dio en la cabeza mientras dormía. Luego, cuando él todavía consiente intentó levantarse, lo ató de manos con un cable que encontró en la cocina y le cercenó la yugular con el cuchillo que utilizaba para cocinar.

¡Pobre Juanita! Dentro de tres meses su hijo llegará al mundo tras las rejas, no conocerá la libertad… hasta quién sabe cuándo. Y todo por seguir a ese hombre; a ese individuo que le arrebató los sueños y las ilusiones que tenía como cualquier mujer, allá en su natal pueblito cerca del mar.

_Vámonos lejos, decía él, a conseguir mejor futuro.

¿Mejor? Juanita no tuvo enfados al darle muerte a Rubén, las constantes agresiones de que era víctima le cegaron la cabeza, al momento de clavarle el cuchillo en el cuello venían a ella los recuerdos de tantas y tantas palizas. Como la que le propinó esa noche del crimen, cuando ella reclamaba un poco más de dinero para el gasto.

Sin saberlo como, ella se había hecho dependiente del alcohol como su esposo, poco le importaba la criatura que llevaba en el vientre a la hora de embrutecerse junto a su pareja. La vida juntos se había degradado a nada. Ninguno de los dos medía consecuencias, parecía que las ilusiones con que llegaron a esta Ciudad se las había llevado el aire.

La mala noche en que Juanita mató a su esposo habían tomado cervezas hasta ya tarde, los vecinos los habían visto entrar a la casa muy enamorados. Por eso nadie se explica como sucedieron las cosas, en qué momento las circunstancias cambiaron y se agredieron mutuamente al grado de que Rubén, perturbado por la furia, pateó el vientre gestante de Juanita.
Las siguientes dos noches después del crimen ella durmío, si a eso se le puede llamar dormir, en el patio de una casa abandonada.

Las cosas se supieron dos días después, Juanita contrató a un albañil para que cavara un pozo en el patio de su casa con el pretexto de construir una cisterna. El albañil salió a comprar cemento y, cuando volvió, vio a Juanita arrastrar el cuerpo de su cónyuge envuelto en un cobertor hasta la fosa. Ella no advirtió la presencia del trabajador, de modo que él se regresó y dio a viso a la Policía.

Juanita apareció en todos los canales de televisión, expresaba con palabras apenas entendibles, y con el tono característico de la gente de su pueblo, la forma en que dio muerte al hombre con el que compartió los momentos más crudos de su vida. Cómo asestó cada golpe cobrando una a una las palizas recibidas por su abusador.


Por dentro su cabeza confusa no atinaba a razonar los hechos, se preguntaba donde quedaron esos sueños e ilusiones que la arrastraron hasta acá dejando una vida junto a los suyos en el pueblo de Coatzacoalcos.
Ahora no sabía si empezaba o terminaba la vida para ella y el ser que llevaba en sus dentros


José Luis de la Cruz Vallejo
®

3 comentarios:

Anónimo dijo...

bonita tu historia....perooooooo
La Juanita tuya tiene rázón, y la "Anita" que conocimos en los periódicos se portó como una verdadera perra.

JUAN CARLOS
Nuevo León

Anónimo dijo...

Hola Jose Luis:
Pues muy bueno tu escrito, como siempre me sorprendes con tu gran imaginacion y capacidad para esta habilidad con la que cuentas.
Ahora si funciono esto! jaja igual y era yo la que no lo hacia bien, en fin, el chiste es que ya pude firmarte por estos rumbos.
Espero que tengas un buen dia, inicio de semana y fin de mes jaja.
Saludos a la familia. chao

Adriana Rdz M dijo...

Me gusta como narraste la historia de juanita, cuantas mujeres hay asi que en su desesperación y desconcierto pierden la razón y dejan llevar su ira en contra de la persona que mas daño les ha hecho y una como expectadora solo juzga sin saber que hizo llegar a este punto a esa mujer.