miércoles, mayo 23, 2007

Mi maestra

UNA VEZ QUE LLEGABA al salón tenía por costumbre sentarse en la silla del escritorio, acomodaba su bolso y esos libros que de ningún modo la abandonaban, jamás entendí para qué los cargaba si ella misma era una enciclopedia ambulante. Saludaba amablemente y detenía su mirada en cada uno de nosotros. Una vez efectuado el ritual ella asomaba su basta experiencia para disuadir nuestras mentes ávidas de juicio y conocimiento.

La voz profunda que nacía de sus pulmones entraba por nuestros oídos y tocaba hasta los tuétanos; acariciaba nuestros corazones para arraigarse por siempre ahí, para nunca en la vida dejarnos.

Su espíritu de docente la comprometía en la cátedra. Siempre ahí, siempre puntual, presta a enseñarnos su cosmos: Las letras; sus sonidos, significados y significantes.

Poco a poco conocí a sus amigos: Neruda, Juana Inés de la Cruz, José Martí, Darío, tantos más... Un círculo de amistades muy selecto. Me habló de ellos y no tuvo reparo en compartirlos conmigo, muy pronto los hice mis camaradas.

Fue por mi maestra que me enamoré de las letras. Fue ella quien me zambulló en ese mar de signos y sonidos en el que me encuentro inmerso. Me enseñó a revolcarme entre las palabras y los pensamientos. A vaciar el espíritu a la hora de dar vida a un papel en su estado inmaculado.

Contagiado de su grandeza fue como llegué a convertir letras en palabras, palabras en oraciones, a acopiar oraciones para formar ideas, a articular ideas para proyectar realidades y de ese modo deleitar a unos cuantos con mis atmósferas convertidas en cuentos, en historias… en mensajes.

Mi maestra me enseñó a comprometerme con el lenguaje, con los signos, los fonemas y los morfemas. Me llevó a ataviar los textos con metonimias, sinécdoques, símiles, metáforas, e hipérboles para darles la consideración que ellos merecen.

Ella fue quien con su saber me dotó de herramientas para construir, tal como lo hace el albañil que construye casas, historias sorprendentes. Me enseñó a azuzar el oído, como el compositor, para musicalizar las letras.

Con lápiz y papel en mano concebimos, con el mismo amor con que una madre gesta a sus hijos en sus entrañas, historias y personajes que nos hicieron reír y llorar, que nos hicieron viajeros en el tiempo y los espacios.

Juntos nos convertimos en dos descarados nómadas en tierras distantes que irrumpimos la privacidad de los personajes creados. Les imaginamos situaciones y escenarios, les confeccionamos vida propia y finales impredecibles. Les dimos visos, matices y colores a sus presencias mágicas e imaginarias.

Los caracteres tienen formas, eso lo sé, pero con la pasión con que me enseñó esas grafías los trazos fluyen tan precisos por voluntad propia. La mano, el pensamiento y el corazón me obligan a agradecerle el compartirme un trozo de su vida para cultivar la mía propia.

Perpetuamente agradecido a mi, siempre sabia, maestra María Luisa.

José Luis de la Cruz Vallejo
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5 comentarios:

Adriana Rdz M dijo...

Pues si fue por tu maestra que te gusto esto de escribir, todos estamos en deuda con ella, por que a mas de uno nos has llegado al corazón por la bella manera que tienes de escbrir y redactar cada palabra, cosa o personaje.

Ah y mil gracias a tu maestra.

Saluditos

José Luis dijo...

Adriana:

Tus palabras me comprometen a seguir mejorando en el arte del buen escribir. Gracias por el estímulo.

Me gustaría saber si tienes algún blogg para visitarte, o me dejes tu correo para poonernos en contacto e intercambiar comentarios.

Buena salud.

Adriana Rdz M dijo...

Hola jose luis mi correo es adrianardzm5@hotmail.com

Saluditos,

Enzo dijo...

Hola "Pepe Lucho":

(Déjame jugar) Adriana quiere o tú quieres porque ella quiere. O La cosa es querer antender sin querer o hacer lo que ella quiere, cuánto quiere o quieres hacerlo porque tú lo quieres... Carijo... Está rara la cosa... Esa cosa de querer y no saber querer... (jajá)...

Ánimo... Ánimo!!

Enzo

José Luis dijo...

Ja ja ja No Enzo, no.
Te lo prometo.

Gracias por escribir, espero verte por aquí más veces, es un honor señorón.

Buena salud.