DOÑA LUPE VIVE de una pensioncita que su viejo le dejó al morir, un dinerito que solo le da pa mal comer y, si bien bien le va, pa pagar los servicios colectivos de la casucha.
Cuando DonLucho, su esposo, se petatió, la cosa estaba que ardía ahí en el humilde tejabancito: la hija de dieciséis embarazada, al niño menor le resultó lo de los bronquios, y la chavita de en medio se había ido de la casa a vivir con una tía que la explotaba como sirvienta en casas de gente rica. ¡Pobre Doña Lupe!...
Fabián no puede ir a la escuela, sus ganas de ser alguien en la vida se mutilaron cuando el tren se lo llevó de encuentro hace como trece años. Le tuvieron que amputar sus dos piernas si quería seguir vivo. Nunca se supo si fue la mejor decisión.
Con sus piernas se esfumaron los sueños de estudiar, de ser alguien en la vida, de juntarse en el llano de la vuelta con todos los güercos del barrio pa jugar futbol. Su vida se convirtió en un almacén de ilusiones… nada más que eso.
Marinita sabe que saldrá a trabajar esta noche, lo que no sabe es si regresará a ver a sus tres retoñitos que deja en casa para irse todas las noches al talón.
Cuando el marido la largó tenía apenas veinticinco, pero siempre fue tragaños, así que sin estudios y sin dinero se tiró de prosti en el Camaleón, un bar de mala nota allá por la carretera de arriba.
Todas las noches la veo toda entaconada y enfundada en su minifaldita verde mayate y su blusa cortita. Cuando sube allá pa arriba y luego su figura se pierde entre las calles oscuras parece feliz, y si no lo es, bien que lo disimula bajo ese maquillaje de brillantes colores que terminan en su pescuezo, es como una máscara que la convierte de señora decente de día, a mariposilla de la noche.
Sus niños comen, van a la escuela, ellos dicen que su mamá es mesera, los que sabemos la verdad callamos… ¿Quiénes somos pa quitarles la tranquilidad a esos chamacos? mejor que se las arranque ella misma el día que un borracho trasnochador le acomode una buena golpiza, si no es que la encuentran muerta en algún camino al amanecer, como acaban las que andan en malos pasos.
Cuando DonLucho, su esposo, se petatió, la cosa estaba que ardía ahí en el humilde tejabancito: la hija de dieciséis embarazada, al niño menor le resultó lo de los bronquios, y la chavita de en medio se había ido de la casa a vivir con una tía que la explotaba como sirvienta en casas de gente rica. ¡Pobre Doña Lupe!...
Fabián no puede ir a la escuela, sus ganas de ser alguien en la vida se mutilaron cuando el tren se lo llevó de encuentro hace como trece años. Le tuvieron que amputar sus dos piernas si quería seguir vivo. Nunca se supo si fue la mejor decisión.
Con sus piernas se esfumaron los sueños de estudiar, de ser alguien en la vida, de juntarse en el llano de la vuelta con todos los güercos del barrio pa jugar futbol. Su vida se convirtió en un almacén de ilusiones… nada más que eso.
Marinita sabe que saldrá a trabajar esta noche, lo que no sabe es si regresará a ver a sus tres retoñitos que deja en casa para irse todas las noches al talón.
Cuando el marido la largó tenía apenas veinticinco, pero siempre fue tragaños, así que sin estudios y sin dinero se tiró de prosti en el Camaleón, un bar de mala nota allá por la carretera de arriba.
Todas las noches la veo toda entaconada y enfundada en su minifaldita verde mayate y su blusa cortita. Cuando sube allá pa arriba y luego su figura se pierde entre las calles oscuras parece feliz, y si no lo es, bien que lo disimula bajo ese maquillaje de brillantes colores que terminan en su pescuezo, es como una máscara que la convierte de señora decente de día, a mariposilla de la noche.
Sus niños comen, van a la escuela, ellos dicen que su mamá es mesera, los que sabemos la verdad callamos… ¿Quiénes somos pa quitarles la tranquilidad a esos chamacos? mejor que se las arranque ella misma el día que un borracho trasnochador le acomode una buena golpiza, si no es que la encuentran muerta en algún camino al amanecer, como acaban las que andan en malos pasos.
Yo… yo solo veo pasar el tiempo desde un agujero de mi pobre y roído cuchitril, solo soy un malnacido teporocho a quien un día encontrarán tieso entre estos cartones apestosos a miados y cigarro; me hallarán muerto con el hígado podrido por el alcohol, y el alma jodida por la vida.
Solo existo como un recordatorio de que por aquí pasa de todo y a la vez no pasa nada. Aquí nos hacemos viejos, agonizamos y morimos, vienen otros y es igual. Y nadie, nadie protesta, ni reclama, ni levanta su voz. Somos un mundo olvidado por muchos, para que no se les recuerde alguna de sus realidades, o para que no se les vaya alborotar la conciencia…
Así nos la vivimos acá.
Solo existo como un recordatorio de que por aquí pasa de todo y a la vez no pasa nada. Aquí nos hacemos viejos, agonizamos y morimos, vienen otros y es igual. Y nadie, nadie protesta, ni reclama, ni levanta su voz. Somos un mundo olvidado por muchos, para que no se les recuerde alguna de sus realidades, o para que no se les vaya alborotar la conciencia…
Así nos la vivimos acá.
José Luis de la Cruz Vallejo
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8 comentarios:
Cierto, muy cierto, a veces nos olvoidamos de que existe un submundo llamado probresa, pero no queremos recordarlo porque nos da una descalabrada ¡QUE FALTA DE AMOR!
Asi es jose luis muchas veces nos sale mas barato hacernos los despitados y hacer como si no pasara nada.
Saluditos
Déjame quitarme el sombrero...!!
Conozco mucha gente que vive en situaciones como la que tú describes en este post, te felicito por remover las conciencias de quienes te lean.
Es realmente dura la situación que se vive en comunidades como esas, yo me dedico a la labor social, y les doy mi testimonio cuando gusten
Gonzalo Cabriales
Cuernavaca, Morelos
ya que termine de convulsionarme por la cruda realidad descrita, a ver si puedo acordarme de donde te recuerdo Jose Luis...
asi o mas revelador el relato?
saludos!
Vaya, esta vez si me dejaste boquiabierto , esta simplemente fabulosa!... La disfrute muchisimo, tanto que quisera que no terminara....
sencillamente delicioso.
Ana
Cada tanto alguien reclama o levanta la voz... Ese mundo olvidado existe, hay que hacer ruido, para que a esos "muchos" comience a despertárseles la conciencia.
¿Te parece José Luis?
Un abrazo.
Alicia
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