viernes, agosto 06, 2010

Despedida a mi madre

Comparto con ustedes el dscurso de despedida que pronuncié en honor a mi Madre, el pasado miércoles, cuatro de Agosto, el día que la sepultamos.

















Mi Madre.

Hablar de los atributos y los afectos hacia una madre es sencillo, muy sencillo. No sin embargo cuando se está frente a la muerte, cuando las emociones se asoman desde el corazón y se atraviesan a media garganta. Hoy intentaré hacerlo por que la persona que fue mi madre lo merece.

Mi madre fue una mujer tenaz, un ejemplo de vida para cada uno de sus hijos y para quienes rodearon sus vida.

Doña Dolores Vallejo Garza, una mujer que no sabía de letras y que pese a las limitaciones propias que esto conlleva, nos educó como lo debe de hacer todo aquél que nos jactamos de ser “padres de familia”: con amor, con dedicación y aprecio a la vida sin importar lo duro que pueda ser.

Mi madre fue una mujer tierna y compasiva, pues no una, muchas veces, dejó de costearse lo que el escaso dinero provee por tal de ver a sus hijos satisfechos de alimentos, y arropados con lo necesario.

Mi madre fue una madre entregada a sus hijos, una esposa prodigada a su marido. No una, muchas veces, tuvo que cansar su espalda y brazos, de sol a sol para vivir y sobrevivir a las urgencias de una familia de clase pobre.

Mi madre fue una mujer limpia en todos los sentidos, una mujer recta que no tuvo la fuerza para pronunciar una blasfemia o lanzar una ofensa a nada ni a nadie.

Mi madre fue una mujer increíblemente fuerte, que aun en su lecho de enfermedad fue capaz de responder con un “no me duele nada” ante las preocupaciones y ayudas que se le podían dar para aligerar sus dolencias físicas.

Ella cambió los pañales de todos sus hijos, nietos, y alguno que otro bisnieto. Curó diarreas, levantó molleras, retiró empachos y preparó los más deliciosos brebajes para esas noches frías y tortuosas en que la enfermedad nos asaltó de niños.

Nos alimentó en una de las cocinas más humildes de nuestro barrio, pero con los exquisitos sabores de los mejores restaurantes: Calabazas en dulce, duraznos en almíbar, aguacates de su siembra, tortillas de harina hechas por sus bellas manos, y el mejor café de la región.

Por eso madre, nos dejas un gran ejemplo, una terrible ausencia, y tenemos una gran deuda que nunca pagaremos ni con las mejores acciones de todas nuestras generaciones venideras.


Gracias Madre.

Y gracias a todos por acompañarnos en esta dolorosa despedida.


En nombre de mi Padre, mis hermanos, y un servidor: GRACIAS

Y la muerte no será más, ni existirá más lamento, ni dolor, ni clamor, las cosas anteriores, han pasado.