sábado, julio 14, 2007

Cien palabras para Santiago

ERA MI SEGUNDA VISITA, la Plaza de Armas me abrazaba como si yo formara parte de esa suma incandescente que habita la Ciudad.

Con los recuerdos latentes me interné en las entrañas de la urbe; anidé entre los poemas de Neruda y en el eco de la Mistral.

Siempre supe que llegando ahí se merman distancias, se derogan lenguajes y se apretujan los corazones.

Ya era tarde, me dirigí cuesta arriba al San Cristóbal, ahora se apetecía abrazar a Santiago con mis ojos, con la mirada de un mexicano enamorado de esa tierra, con mi ser fragmentado entre dos patrias.


José Luis de la Cruz Vallejo
14 de Julio de 2007
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sábado, julio 07, 2007

Sueños

LAS VIVENCIAS diarias son el semillero de nuestros sueños, eso oí alguna vez.

Luego me enteré de que Freud llamó residuos diurnos a los recuerdos que se nos quedan prendidos en la memoria durante el día, posteriormente Nielsen mencionó que esos residuos pueden aparecer cinco ó siete días más tarde en nuestros sueños.

Qué interesante es adentrarnos en el estudio del sueño aún y con todas las dudas que en esa materia nos asaltan, ¡Es que todo es tan complejo en ese tema!

¿Quien no recuerda ese sueño en el que volaba con alas de papel, o ese otro en el que perdía a un ser querido y al despertar ve que no era realidad, ó, en aquel en que se unía al tan anhelado ser amado que vive en la India, o que se compraba un león que podía domesticar como a un perrito? Todos hemos soñado locuras, desazones, cosas hermosas, o hasta idioteces, si así lo queremos ver.

Yo anoche soñé algo hermoso, algo que contradice a Nielsen, pues este sueño se alimentó de un pasado muy remoto, no de hace cinco ni siete días:

Mientras dormía soñé que visitaba a mi hermana Martha en una casa que ya no habita, su primer hogar de casada. Pero cuando llegué ahí, no la encontré a ella, si no una amiga suya que tengo ya casi dos décadas de no ver. Y la sorpresa de mi vida fue encontrarme a la hija mayor de mi hermana convertida en una bebé, sí, en una bebé tal y como lo fue alguna vez.

Todo fue tan extraño, pero tan agradable a la vez. Yo veía como en los ojos de mi sobrina fulguraban la ternura y la inocencia de su niñez, la candidez y el amor a flor de piel. También fue muy dulce volver a ver a mi hermana, que salió de no sé donde, como en su juventud, ¡Mi hermana se veía tan hermosa como lo fue a esa edad! Sus pies afanosos se paseaban por la casa yendo por aquí y por allá en sus quehaceres.

Lo que no podía entender de todo eso era porqué la amiga de mi hermana vivía ahí, y porqué tenía un cuerpo y una cara que no le correspondían, eso si que era tan extraño.

Por la mañana, cuando una tormenta de lluvia y relámpagos me despertó, traté de ubicarme en tiempo y espacio. Quedó en mi mente un sabor agradable, el volver a ver a mis seres amados en el pasado en etapas felices y florecientes fue una experiencia encantadora.

Sueño loco, sueño guajiro, como le gusten llamar, pero el sabor me ha durado hasta hoy. Le dije a mi sobrina lo bello del sueño, lo agraciado que soy por pertenecer a la familia, y lo mucho que la quiero. La contagié de ese gozo, y creo que el sueño, sin tanta complejidad, le dio sentido a este gris día de lluvia.

Eso de los sueños es algo tan enmarañado. Yo concuerdo con quien sencilla y llanamente dijo que recordar es volver a vivir… y punto.


José Luis de la Cruz Vallejo
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sábado, junio 23, 2007

Si aún te puedo llamar amigo…


CÓMO OLVIDAR cuando juntos corrimos las carreras de la adolescencia, luego, ya mayores, con las adrenalinas en calma, nos hicimos cómplices de episodios llenos de lances, de historias que nos forjaron y nos marcaron de por vida, pero que a la vez nos dotaron de esa mucha o poca sabiduría de que gozamos hoy.

Nos alegramos y sufrimos lo que nuestras capacidades nos permitieron, fueron tantas las veces que reí junto a ti; pero (el maldito pero que nunca falta) no lograba olvidar el daño que sufrí por tu causa. Por si no tienes una pizca de memoria de lo que hablo, permíteme evocarte esos momentos que hasta hace poco me descalabraban:

Aún parece cercano el día en que conocimos a esa mujer que nos mariposeó el corazón y revoloteó nuestros sueños, no sin embargo siento así la amistad que desunió sin planteárselo. Para mí significó un amor hermoso, se sustentaba en ternuras; creo que era evidente para ella el amor que le disipé.

Lo que me perturbó tanto fue la manera en que tú emprendiste las cosas, la forma en que avanzaste sabiendo que yo pretendía a un amor limpio e incontaminado. Pero tú, tan experto en esos menesteres como eras, quitaste todo lo que te estorbaba para logar lo que te propusiste, sin importar que en ese “todo” se disolviera nuestra amistad, ése apego de hermano que tantas veces, después de que consumaste tus ambiciones, extrañé de ti.

Sé que no eres tan feliz con ella como lo esperabas, sé que lamentas haber revolucionado los tiempos para alcanzar el galardón más preciado. Me enteré que usas a tus hijos de refugio contra las desabridas vivencias que erigiste, yo en cambio encontré el amor de la manera menos sospechada. Soy feliz al lado de mis hijos y mi dueña.

No quisiera sentirme aborrecible pensando que era lo que merecías, nunca ha sido mi estilo; es más, ni siquiera las lágrimas que lloré encerrado a piedra y lodo en mi recámara valen la pena para desearte un momento de tribulación junto a los tuyos.

Es de verdad amigo (aún me quedaron fuerzas para llamarte así) que todo quedó en ese pasado que concluyó el día que conocí la auténtica felicidad, cuando me di cuenta que las argucias que conspiraste para despojarme una oportunidad de ser feliz. Ahora veo que esas flechas que me lanzaste me
acrecentaron, pues yo inquiría el verdadero amor, tú solo un amor a ciegas.

Ya dejé de suspirar el pasado, ahora vivo de este presente profuso de cosas buenas. Solo tu presencia vino a estorbarlo hoy por unos minutos. Tal vez para acomodar ese recuerdo en el cajón que le corresponde. Ahí, donde se colocan las cosas negativas cuando se mutilan para siempre, cuando dejan de ser un estorbo en la vida.

Fui agraciado de compartir buenos tiempos contigo, y venturoso de aprender en cabeza extraña esa lección de no siempre correr con ligereza tras el amor.

José Luis de la Cruz Vallejo

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martes, mayo 29, 2007

Pie con pie

SI PUDIERA correría hasta ti, te abrazaría y te recordaría quién eres en mi existencia.

Si pudiera te arrancaría de esa tierra y te sembraría en mi huerto hasta que ahí juntos muriéramos.

Si yo pudiera desgarraría las distancias, llegaría a ti y me ataría a tus pies para avanzar juntos.

Si yo pudiera sacudiría de ti tus males, los anudaría a una alforja y los tiraría a mi mar.

Si tuviera alas como el cóndor planearía por los andes como tu sereno guardián, es más, te elevaría a las alturas para que vieras tus cuestiones desde lo alto y vieras lo microscópicas que se vuelven desde allá.

Pero no soy nada ni nadie, ni hortelano, ni ave, ni costero.

Sólo soy hombre que cree y que quiere, que nace y que muere entre los montículos estrepitosos y complejos del sistema.

Por eso te cargo aquí, dónde se guardan las formas preciadas, en los fondos de la existencia, para sentirte pie con pie, para mitigar las tribulaciones juntos, y aminorar las feroces distancias.

José Luis de la Cruz Vallejo

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viernes, mayo 04, 2007

Agosto 26

QUIERO morir con el veneno de tu boca, que nada importe ya mi vida, que se consuma lentamente entre tus brazos en una tarde de agosto y nada exista ya de mí, que el sol nos queme en su demencia en un agosto veintiséis

Que tu virus carcoma hasta mis tuétanos débiles de la embriaguez de tus besos, y que tu aroma me consuma en el letargo de esa tarde teñida de rojos.

No importa que sea lo último que haga, no importa que esta vez sea victimado y tú la homicida, si eso es lo que con ruegos pido noche con noche, agonizar, morir, caer con el bebedizo narcótico de tu boca y marchitarme en el tálamo húmedo de tu alcoba.

Dame sombras, dame madrugadas débiles con olor a expiración de sed de amor.

Beberé tu veneno auque ya no sea más, aunque todo acabe ahí, de eso lleno mis ruegos, desde siempre, toda mi vida, todos los agostos teñidos de rojo quiero morir así.

José Luis de la Cruz Vallejo
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sábado, abril 14, 2007

Brindis

EN ESOS DÍAS, raros en mí, en los que a uno le da por revirar al pasado, en esos raros días, me encontré con esta pieza de Afo Verde e interpretada por la hermosa persona de Soledad Pastoruti, Argentina por supuesto.
De esas veces, como le ha pasado a alguien con mis textos, en que sientes que esa canción la escribieron pensando en ti. Por ello... GRACIAS Afo.

BRINDIS
Afo Verde

Seguir siguiendo al corazón

y coquetear con la intuición

seguir creciendo y esquivando las rutinas

seguir soñando en un rincón

seguir creyendo que hay un Dios

que me endereza de un tirón la puntería

siempre voy detrás de lo que siento

cada tanto muero…y aquí estoy...


tantos desiertos que crucé

tantos atajos esquivé

tantas batallas que pintaron mis heridas

tantos incendios provoqué

tantos fracasos me probé

que no me explico como canto todavía

y es que siempre voy detrás de lo que siento

cada tanto muero… y aquí estoy...


por esos días por venir

por este brindis para mí

por regalarle a la intuición el alma mía

porque los días se nos van

quiero cantar hasta el final

por otra noche como esta doy mi vida


tantos festejos resigné

tantos amigos extrañé

tantos domingos muy lejos de mi familia

tantas almohadas conocí

tantas canciones me aprendí

que los recuerdos me parecen de otras vidas

siempre voy detrás de lo que siento

cada tanto muero…y aquí estoy...


tantas palizas esquivé

tantas traiciones me compré

tantos enojos me hicieron mostrar los dientes

con mil abrazos me cuidé

con mil amores me curé

juntando heridas sigo creyendo en la gente

siempre voy detrás de lo que siento

cada tanto muero…pero hoy no...


por esos días por venir

por este brindis para mí

por regalarle a la intuición el alma mía

porque los días se nos van

quiero cantar hasta el final

por otra noche como esta doy mi vida


por esos días por venir...


y en esas noches de luna

donde los recuerdos son puñal

me abrazo a mi guitarra

y canto fuerte mis plegarias

y algo pasa, pero ya nada me hace llorar

yo me abrazo a mi guitarra

y canto fuerte mis plegarias

y algo pasa, pero ya nada me va a cambiar


por esos días por venir...
Y si la quieren oir en vivo:


miércoles, abril 11, 2007

La ventana de Santiago



ABRÍ la ventana mientras arreglaba mi ropa en la recámara que hospitalariamente me brindaste. El olor a aire fresco impregnó mis narices y abrió mis pulmones, era el otoño de Santiago de Chile. Olor a madera y a zinc, a cobre y greda, a tierra y mar, a amor generoso.

Las cortinas de la ventana se mecían hacia adentro y hacia afuera. De pronto, una melodía mexicana se entrometió hasta mis oídos ¡qué extraña sensación! El corazón se ponía a mil y me obligó a acercarme a la ventana. Esa extrañes poco a poco se fue convirtiendo en agradabilidad… música de mi tierra azteca en una región andina… ¡válgame Dios! No pude desacelerar el corazón que casi, casi se salía de mi pecho convulsivo.

Ese día fue una hermosa construcción de tiempo y emociones, fue un llenar espacios de forma permanente, de compartir vivencias y derramar lágrimas de felicidad. Tú, hermano chileno, abriste tu espíritu para hacerme sentir bien, y lo lograste.

Los fastuosos paisajes de la Isla no se comparan al remanso de felicidad que construiste en torno a mí. A esa cerca de amor que nos rodeó y nos hizo sentir en verdad como dos viejos amigos que se encuentran después de tanto tiempo.

La despedida fue terrible ¿Cómo me arrancaría de ti? ¿Cómo serían los días por venir? No lograba entenderlo, no había respuestas. ¿Por qué lo bueno dura tan poco? Me cuestioné una y mil veces.

Ya en casa lloré el ayer, sollocé en silencio por el tiempo pasado, por lo aprendido, volteé atrás y vi todo lo que crecí en tan pocos días. Luego limpié mis ojos, me dirigí al diván y me puse a ver las fotografías, ellas recrearon en mi cabeza una a una las experiencias compartidas, y me hicieron entender una verdad: Juntos empezamos un ahora, un presente mejor que el pasado.

Juntos somos como esa canción mexicana acopiada a la Cordillera. Juntos somos dos distancias acortadas, dos corazones que se quieren desde siempre y hasta siempre.

Solo pido a mi Dios dos cosas: que el día que nos vaya mal, nos vaya como en esos días. Y, que por favor, nunca cierre esa ventana que dá a la Cordillera.

CON MUCHO AMOR A MIS HERMANOS CHILENOS, CON GRATITUD POR SU AMOROSA ACOGIDA DURANTE MI ESTANCIA EN SANTIAGO DE CHILE.


José Luis de la Cruz Vallejo

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jueves, marzo 08, 2007

Mujeres

Entrevista imaginaria con Sor Juana Inés de la Cruz Siglo XXI

LLEGUÉ PUNTUAL a la cita tal como lo habíamos acordado, era un ocho de marzo como el de hoy, nos vimos en el claustro, eran ya las seis de la tarde así que había muy poca iluminación en el recinto. Ahí estaba ella, seria y con un libro en la mano. No era físicamente como yo la imaginaba, pero no era el momento de cuestionarlo, solo quería ocultar mi nerviosismo y terminar pronto. Por un momento pensé en desistir de la entrevista pues su rostro extremadamente sobrio no me incitaba a nada, de seguro su recio carácter sería un témpano de hielo por romper; con su mano hizo un ademán invitando a ponerme cómodo, tomé una silla y me senté frente a ella. Así que buscando como empezar la charla le cuestioné:

_ ¿Porqué tanta soledad?

Sus ojos cansados por el tiempo voltearon hacia mí y en un tono sereno me contestó:

_Creo que es debido a que siempre he querido aprender, estar un poquito mas preparada de lo que se les permite a las mujeres, pero la soledad muchas veces es mejor que una mala compañía, prefiero estar sola con mis pensamientos.

Su respuesta me dejó mudo por unos instantes, me di cuenta de lo trascendente que podría ser esta platica, al menos para mí. Solo traté de ser coherente en la conversación, y que mis pensamientos machistas no afloraran.

_Creo que he hecho mal en perderle la huella todos estos años, pero dígame ¿Qué ha sido de la vida de Sor Juana en estos últimos tiempos?

Cada pregunta mía la razonaba detenidamente y luego de forma pausada contestaba, parecía que esta mujer no tenía conciencia del tiempo.

_Un poco triste -me dijo- porque no se me permite hacer lo que me gusta tanto: escribir, leer y seguir aprendiendo. Pero dentro de todo me siento feliz de ser una pequeña parte dentro del pensamiento de cada mujer que quiere romper con los estigmas establecidos por la sociedad.

_ ¿Cómo ve usted a la mujer hoy?

_Me parece que no están entendiendo lo que significa que la mujer tenga un lugar importante dentro de la sociedad, en lugar de estar peleando por sus derechos deberían hacer algo que las haga distinguirse, en general creo que se está progresando, pues son más aceptadas y se les permite intervenir en lugares que antes estaban solo reservados a los hombres.

_Eso es cierto, muchas mujeres ya se sienten liberadas, aunque… ¿Usted cree que eso sea una verdadera liberación femenina?

Yo creo que esta pregunta fue el detonante en nuestra conversación, a partir de ahí salió a relucir su fuerte personalidad, poco a poco elevó el tono de su voz y se tornó más expresiva.

_Tal vez si, pero no se trata de una liberación del sexo masculino, de lo que se trata es de que sean respetadas igual que un hombre en todos los aspectos, las mujeres tienen que luchar por lograr su lugar, sin olvidarse de los roles tan importantes que desempeña, como el ser madre, esposa y amiga. Fui considerada rebelde en mi tiempo, pero en la actualidad hay muchas mujeres que son consideradas rebeldes por querer hacer algo que el hombre no les permite, ya sea por un machismo mal fundado o porque las reglas sociales siguen al igual que antaño, a mí me fue muy difícil lograr mis objetivos aunque al final no llegué a consumar todos mis anhelos.

Era brillante Su elocuencia al hablar, su seguridad hacía que cada palabra emitida por ella hiciera eco dentro de mí y se grabará para siempre, Seguramente toda esa sabiduría hizo que sus seguidores le honraran con títulos tan excelsos… para ese momento, sin darme cuenta, mi nerviosismo desapareció.

_Fénix de América, Décima Musa, títulos muy comprometedores ¿No lo cree así?

_ ¡Claro que sí! Esos títulos hicieron que quisiera continuar con mi trabajo de investigación y de escritora, tal vez fueron inmerecidos pero cuando me los otorgaron fue como si me picaran en mi ego para no desistir a los impedimentos que en ese tiempo me acosaban.

_Muchas mujeres mexicanas piensan que no es importante el estudio, incluso dicen que para qué estudiar una carrera universitaria si van a terminar siendo amas de casa y no ejercerán.

_La mujer nunca debe de dejar de prepararse en toda su vida -me interrumpió bruscamente- porque aunque se case, el conocimiento adquirido le servirá para poder educar a sus hijos con una cultura más apropiada y actualizada, porque en algún tiempo podrá volver a practicar o ejercer su profesión, ya que cuando se es madre se debe de dedicar a la educación de sus hijos, pero esto no es impedimento para que continúe aprendiendo y preparándose.

_Me da la impresión de que por equivocación Sor Juana nació en otra época -le comenté-.

_Cada quien nace en el tiempo que le corresponde y se tiene que enfrentar a los desafíos de la época, debo de admitir que envidio de alguna forma a la mujer actual porque cuenta con recursos con los que yo no contaba, estos le sirven para revelarse ante una injusticia, ya que en mi tiempo fue una lucha titánica poder lograr lo que hice.

A estas alturas me encontraba inmerso en la conversación ya no pensaba en cuestionarla sino en escucharla, dejar que las palabras de ella fluyeran por si solas, en pocas palabra me tenía embelesado. Solo para continuar le pregunté:

_ ¿Cuáles fueron sus pretensiones?

_Yo solo quería que me dejaran aprender y cultivarme, que me permitieran expresar mis sentimientos por medio de la escritura, que me dieran libertad de leer cualquier libro como ahora, ya fuera de medicina, teología, física, matemáticas, lo que fuera, mi mente estaba ávida de conocimiento, no quería ser alabada, no, no quería ser reconocida, no… solo pretendía saber.

No nos habíamos dado cuenta de las horas que marcaba el reloj hasta que la campana nos avisó que era el momento de que las monjas se retiran a sus celdas.

_Solo una última pregunta por favor -le dije apresuradamente- ¿Cómo podemos encontrar a la verdadera Sor Juana hoy día?

_En toda mujer que se quiera superar, prepararse, que quiera adquirir conocimientos y no sujetarse a las normas convencionales, ir más allá de lo establecido, en las mujeres deseosas de aprender e ir tan lejos como su propio entendimiento les permita. Yo… yo no tuve opción, si quería cultivarme solo podría recurrir a entrar a un convento, pues la otra opción era casarme con un hombre que no fuera tan brillante por mi condición de bastarda, por desgracia, mi mente brillante no me permitía otro camino. Pero también soy una mujer con sentimientos, ilusiones sueños, anhelos, deseos y convicciones. No solo soy una mujer con mente brillante.

Se levantó, agradeció muy cortés la visita, salió por la única puerta que había en ese tétrico cuarto y sin más ni más desapareció de mi vista. Me prometió que muy pronto nos veríamos, no sé si lo dijo como un cumplido. No me inquieta una segunda entrevista, pues lo que me dejó ésta experiencia es que ahora veo en cada mujer a una Sor Juana Inés de la Cruz en potencia.


Con gratitud a la Lic. Betty Coello, por su colaboración en este escrito.



José Luis de la Cruz Vallejo
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miércoles, febrero 21, 2007

Brevedad



UN epitafio nuevo.
Una apretada fosa.
Un corazón convulsivo.
Una lanza que se cruza.
Una cadena rota.
Un suspiro desahogado.
Unos brazos que consuelan.
Un atrás que ya no vuelve.
Un olor a quebranto.
Un amigo que no falla.
Un violín que llora triste.
Una lágrima que brota.
Un adiós definitivo.
Una hija inconsolable.
Un hermano arrepentido.
Un tesoro que se pierde.
Una rosa que es perenne.
Una madre insustituta.
…Una vida ya extinguida.


José Luis de la Cruz Vallejo
®

martes, enero 09, 2007

Radiografía de un desqusiado






SOY azteca y español; huaso quinchero por adopción.
Náhuatl, catalán y gitano; otomí, gallego y huichol
Soy artista y tejedor de sueños, y de historias escribidor.

Espíritu de bohemio; juglar y mal recitador.
Anacoreta en el silencio y jaranero en cualquier reunión.
Gustoso del buen vino que no es embrutecedor.

Soy fidedigno por elección, traicionero por afición.
Conocedor de las deudas, perdonador sin razón.
Vocinglero ante las injusticias y arrojado defensor.

Soy tanto como me odio, y un tanto como mi amor.


José Luis de la Cruz Vallejo
®

jueves, enero 04, 2007

Ese día...

Quise que el mar me tragara…
Quise que sol me aniquilase dos veces continuas…
Quise ver al espejo y no encontrarme…
Quise ser viento y no detenerme…
Quise ser árbol y morir estático…
Quise ser bólido y correr impávido…
Quise ser vomitado por el fuego…

… Pero antes quise que de nuevo cabalgásemos

entre lienzos húmedos de piel y sal; entre besos tibios
y ansias furtivas sosegadas en el silencio.

José Luis de la Cruz Vallejo

®

jueves, diciembre 28, 2006

… Esa fue mi última navidad.

LAS LUCES del árbol titilaban en bellos colores, los santos peregrinos permanecían estáticos al pié de él, habían esperado un año guardados quien sabe donde. Mi madre era hasta cierto punto muy celosa con esas cosas, por eso desde la tarde tomó al niño Jesús en sus manos y lo limpió con mucho cuidado, éste era un regalo muy preciado para ella.

Esa noche llegaron todos a mi casa, recuerdo las caras de mis hermanas y sus esposos cuando uno a uno entraron con obsequios para mis papás, todo era tan especial, claro, en medio de la austeridad y las carencias de una familia humilde como la mía.

Los niños corrían por toda la casa, afuera los adultos asaban carne para la cena de navidad, y algunos no tan mayores tronaban cuetes en la calle ya cubierta de algarabía.

Las horas pasaron; los humores se encendieron; las botellas de licor y de cerveza empezaron a lucir vacías… todo era ya tan relajado para las diez de la noche… a mis trece años, desde esa perspectiva, la ilusión de la navidad estaba cambiando a solo un pretexto para la borrachera y la comida en exceso… Santa Claus nunca existió, al menos en la casa los juguetes quedaban condicionados a la buena voluntad de los dueños de la fábrica donde mi papá era obrero, y eso no era un secreto por guardar.

Dieron las once de la noche, era obligado rezarles a los santos, así que Doña Glafira, la rezandera de la cuadra, llegó a mi casa después de cumplir en las fiestas de los demás vecinos. Uno, dos, tres Padres nuestros y no sé cuantas Aves Marías. Mi hermana y mi cuñado fungían de padrinos, él, ya a punto de la borrachera, sostenía en una charola a la imagen adorada sentada en esa silla a la que se le ató por doce meses, las risas de los presentes no se hicieron esperar al ver al esposo de mi hermana en ese estado.

Recuerdo que mi cuñado se tambaleaba a un lado y a otro, y en el momento de hacer una fila con una vela encendida en la mano para pasar a besar al niño y tomar una colación, mi cuñado cayó encima de los fieles con todo y la imagen… de las risas pasamos al silencio sepulcral… todos nos mirábamos unos a otros confusos. EL niño cayó roto en pedazos. Mi madre indignada, hubo alguno que incluso comentó que era como un castigo por estar jugando con algo tan sagrado.

Esa fue mi última celebración de la navidad. Desde entonces, historias como esas, en las que la borrachera y el abuso de la comida son lo más importante de la celebración, llegan a mis oídos cada año; pretextos sobran para divertirse a costa de una aparente festividad santa, desde las nueve posadas obligadas antes del día veinticuatro de diciembre, hasta el dos de febrero en el que hay que sentar al niño.

Quién asegura que Jesús nació un veinticuatro de diciembre? No ha habido nadie que me muestre en algún libro sagrado que el Salvador nació ese día ¡No concibo a los pastores con sus ovejas que pastan a campo raso en el frío Belén en esas fechas! y eso si lo dicen las Sagradas Escrituras.

Gracias Dios por enviar a tu hijo Redentor a la tierra, gracias de verdad porque Su amor sobrevive hasta nuestros días sin la necesidad de contaminar su Excelencia con fiestas inventadas por mentes ávidas de comerciar y de llenarse los bolsillos de dinero a costa de la buena voluntad de unos cuantos.

NOTA: Este texto no es con el fin de hacer proselitismo, ni mucho menos, es simplemente para mostrar mi muy personal punto de vista sobre esta fecha en la que mil y una vez tengo que decir que no celebro las navidades, ni ninguna otra festividad en la que la gente es coaccionada por las pesadas esferas económicas, políticas, religiosas y mercantilistas de este planeta tierra.

José Luis de la Cruz Vallejo.

sábado, diciembre 16, 2006

Desvelos

CON DIFICULTAD me levanto y sigo el camino por mero automatismo. Intuyo que fue una de esas noches gravadas; el insomnio se apoderó de mí de nuevo… Ella me visitó en sueños otra vez.

Mi vejiga demanda más presteza o de lo contrario estallará; el retrete me recibe a oscuras…

Se oye el canturreo de ese fastidioso grillo… las cinco, las seis… ¡No lo sé! Qué importa eso en este momento que mis neuronas se niegan a operar.

El cuello duele, por más que lo intento los ojos no se abren…

Paso el envés de mis manos por los ojos y regreso al tálamo aún tibio. Será mejor que hoy me ausente del cosmos, cualquier intento acabará mal.


José Luis de la Cruz Vallejo
®

miércoles, diciembre 13, 2006

Odio

AYER conocí al odio, no era como siempre lo había imaginado. Sus pupilas dilatadas escupían los rencores acumulados en el tiempo; la repugnancia y la hostilidad cubrían su desnudez. En ese momento el temor y la angustia se apoderaron de mí convirtiéndome en presa fácil.

Su corazón podrido por el resentimiento sufrió un estallido fulminante y sus dardos venenosos apuntalaron contra mí… una estocada, dos, tres, no sé cuantas, pero estaba ileso.

De pronto, como queriendo seducirme, el odio me tomó en vilo y me abrazó tan fuerte que me dislocó el alma. Sigilosamente me susurraba al oído palabras melosas, verborrea insana. Pregonaba hediondas lisonjas y los más aborrecibles embustes que he conocido en la vida.

¡Dios Santo! -Fue lo único que acerté a gritar-

Me solté de entre sus tentáculos y corrí con rumbo contrario, y es que, entonces, cualquier lugar era mejor que sucumbir a sus pretensiones.

Tan pronto me sentí a salvo me sacudí los rescoldos de su veneno. Desnudé mi cuerpo y quité uno a uno los escupitajos que me había arrojado… Un tanto recuperado, tratando de entenderlo todo, me fui por la vida… deseando no volver a mirarlo a los ojos jamás.

José Luis de la Cruz Vallejo

®

domingo, noviembre 19, 2006

Me acordé de ti...

HOY DESCUBRÍ como es que mueves tus ojitos cuando expresas tus emociones, entendí, mediante el recuedo, la magia que hace que mi corazón se acelere cuando estamos juntos, supe cuál era el truco que tan perfectamente usas para convencerme cuando quieres algo; y es que al verte en mi mente fue tan real que casi caigo en conmoción.

Tu vitalidad, tu fuerza, tu sonrisa y tus locuras son para mí el elíxir que da empuje a mi vida, y es que no me basta recordarte durante el día. Deseo y necesito verte muchas horas, muchos minutos, muchos segundos, porque hoy, aún con esa vívida imagen no me bastó para sosegar mis ganas de estar contigo hijo.

Con amor para ti Fernando, tu Papi.


José Luis de la Cruz Vallejo
D. R.

martes, noviembre 14, 2006

Solo ella

CUALQUIERA EN SU LUGAR hubiera escogido sobrevivir a los suyos, a los que son de su propiedad; todo lo que conlleva triunfos e ilusiones; alegrías y emociones; festejos y felicidades. Solo lo que le pertenece: Hijos, esposo, un hogar.

Pero ella no, ella se aferró al amor más humano, al que se dan sin reservas, al que estrangula y no duele, al que cala y no se siente, al que carcome y no se percibe. Y es que cuando el corazón lo dicta, así es, sin más ni más lo sigues, tal como la flecha sigue a su presa sin oportunidad de fallo. Así ella consagró su vida y su amor hacia su madre enferma, directo y sin reparos.

Y aunque los otros no vean, porque ciegos ante sus carencias se muestran, porque sus ruegos y sus gritos internos son mudos a sus oídos. Como si eso no le afectara, ella devuelve mimos y cuidados a quien le dedicó su tiempo y cariño cuando aún no se bastaba ella sola.

No habrá tardes de ocio entre amigas, no habrá tiempo para telenovelas, no habrá siestas vespertinas, estas se han vertido a noches, días y tardes aciagos de rutina y hartazgo.

Con la pesadez echada a la espalda, y sin la más mínima queja, ha cambiado sus ropas por harapos, sus perfumes por olor a fármacos, sus tiempos para la galantería femenil por prisas y citas a los hospitales, y así, sin proponérselo, de la noche a la mañana su vida se extendió a la de otro ser, ahora son una sola, ahora viven, mueren y trascienden dos.

¿Quién pretende juzgarla? ¿Quién se atreve a objetarla? Nadie, pues nadie es capaz de entregarse así, de arrancarse así la vida de una sola tajadura, de olvidarse de comodidades; de ocupar su vigor en alguien ajeno a uno mismo. Porque nadie, ni yo mismo, es capaz de sostener la mirada y erguir su cabeza ante tal ejemplificación del amor.

Con todo mi amor y profundo respeto a mi hermana Rosalinda, por dedicarse a cuidar a nuestra madre ya envejecida.

José Luis de la Cruz Vallejo
D. R.

martes, noviembre 07, 2006

Adiós de Madrugada

SON YA CASI LAS CUATRO DE LA MADRUGADA, el viento que ha estado galopando en el cristal de la ventana apenas y me abandona, es una nochecita de esas del demonio.

El cuarto, que hace las veces de cómplice de mis desventuras, se apetece frío, oscuro y tenebroso, apenas y una pequeña luz del farol de la calle se infiltra por entre las rendijas de la cortina. Ahí estoy yo, deshecho, tumbado entre las sábanas pestilentes a resaca, a dolor y quebrantos.

El alcohol ha sido el único bálsamo para esta noche, en la que las estocadas del odio y el rencor traspasan mis entrañas y los remordimientos carcomen los pocos vestigios de bondad que aún le quedaban a mi alma.

¿Cuándo empezó todo esto? No lo se, ¿Cómo se dio? No tengo la respuesta, no en este momento, no cuando la oscuridad de mi mente es más densa que la de este cuarto frío y amortajado que me abraza, que me hiela, me abofetea y me escupe a la cara los más duros acuses y redames; se embrutece de cínicas carcajadas y me grita sinceridades: Te lo dije, te lo advertí, no debiste… bla, bla, bla, ¡Qué bajo caíste!

¿Quién encarará este destino sino yo? ¿Quién resistirá las realidades sino yo? Yo… yo y mi estúpido bajo ser que no piensa, que no mueve un ápice si no se lo ordena su instinto, su maldita intuición y su brújula desorbitada.

Pero no, no esta vez. Hoy no dejaré que esta oscuridad me atormente, esta vez no permitiré a ese viejo reloj que me chantajee con su interminable caminar, hoy no cederé lugar a la ignominia ni al desasosiego, me tragaré mis lágrimas y me sacudiré el dolor, y así… así sin más ni más sembraré el recuerdo de tu adiós en el olvido. Y acabaré con todo… acabaré con el poco o el mucho amor que aún me tienes, el poco o mucho amor que te tuve… que te tengo.

Ahora el perdón se diluirá entre el agua que escurre por las calles en esta fría madrugada… se fugará con el ligero viento que aún me llama por la ventana, y yo me iré con él… antes de que también me abandone.



José Luis de la Cruz Vallejo
D. R.

viernes, octubre 13, 2006

Púrpura

EN EL SEGUNDO SORBO ME DETENGO, me arrellano en el mullido sofá de esta habitación cómoda y sobria. Pienso en ti... pienso en tu boca sabor menta, en tus dientes nacarados y en tu cintura tan llana que se convierte en casi nada cuando la rodean mis brazos largos y escuálidos.

Para el tercer trago casi te traigo en presencia, por poco eres realidad, te veo como en esas tardes soleadas en que caminando por el empedrado de las calles del pueblo meneas las caderas deteniendo las miradas de los transeúntes que te ven pasar... así... así tan tú... tal como solo el lirio se mueve con la brisa del verano en mi ciudad.

Para el cuarto no soy yo... me pierdo en la soledad, mis uñas desgarran la piel del negro sillón haciendo estragos en su fino tapiz. Seguido vienen los tirones del escaso pelo, y entonces... entonces me muero... muero lento y… tú no estás... me desangro gota a gota... mi vida se va extinguiendo... se diluye lentamente, se desliza como el espeso púrpura en el pedazo de vidrio de la copa de cristal.




José Luis de la Cruz Vallejo
D. R.

El otro yo

USTED es una persona muy valiosa para mí, acéptelo, si viera cuando espacio de mi mente ocupa cada día, tan solo pensar que con una sola aproximación suya mi cuerpo vibra y se desconecta del universo es algo grandioso.

Y es que hace tanto tiempo que nos conocemos, y sin embargo apenas y empezamos a frecuentarnos como yo lo deseaba… Es tan raro que en poco tiempo usted se haya ganado mi cariño; yo, tan huraño, tan reservado y un tanto antisocial… y ahora míreme… míreme como me encuentro, por las noches no duermo, de solo pensar en sus manos, en sus ojos, en esa mirada que atrapa, que quema y que trastorna; esa mirada que permite ver fuera y prohíbe llegar dentro.

Permítame expresarle sin rodeos las oleadas de espasmos que su presencia me provoca, decirle que este ser que apenas y conoce ha construido un mundo en el que solo usted y yo cohabitamos, uno que se ha fincado en deseos, en pasiones y en esperas. Viera la carita que pone cuando estamos tan cercanos, y como sus párpados aprisionan esos hermosos ojos cuando sus labios rozan los míos… y es que en mis sueños usted no es lo mismo, se transforma, como si de reencarnaciones se tratase, de verdad, créame…

Si pudiera ver las gotas de agua cuando escurren por sus lánguidos muslos y lo que es secarlas una a una… y es que usted no lo entendería, su persona tan seria y sobria jamás creería cómo en mi mente cabalgan las más intrépidas aventuras de dos cuerpos que se enredad entre las sábanas, de pasiones contenidas que se desbordan en catarsis de saliva y sudor, de sombras que se demuestran una y mil veces su amor desasosegado.

Disculpe usted mi atrevimiento, pero es lo menos que le puedo decir después de que tan cansado caigo en mi lecho una vez que sucumbo cada noche a una aventura nueva a su lado. Lo siento si mis palabras le ruborizan, lo imagino, pero prefiero arriesgarlo todo a frustrar la resurrección de un ser que ha estado muerto por tanto tiempo, ese ser que apenas yo mismo empiezo a conocer cada mañana que veo el espejo de esta habitación que es testigo de nuestras proezas. Ya para no incomodarle, déjeme decirle por último que…

_Manuel, mi amor, despierta ya se ha hecho tarde para irte al trabajo.



José Luis de la Cruz Vallejo
D. R.

Invierno

YA ES TARDE, las luces de la ciudad han empezado a iluminar la imponente negrura de la noche; el panorama desde aquí es majestuoso: luces amarillas, violáceas, y algunas otras con tintes azules.

El invierno crudo y desolador se ha asomado ya, cala en los huesos y carcome todo cuanto a su paso encuentra. Hace tanto tiempo que los campos ya no florean, hace muchos días que las cosechas se levantaron. ¡Hace ya tanto tiempo!…

El café de la olla que está sobre la estufa, se entromete hasta mi guarida, se cuela en mis narices y se detiene en la garganta; y lo que es más, remueve con su aroma los recuerdos en mi cabeza… y es que hace tanto tiempo que los árboles dejaron de florear, hace no se que tanto tiempo que los duraznos dejaron de golpear maduros la tierra magenta de esta montaña… ¡hace tanto tiempo!

Entre las memorias más latentes estás tú, te apoderas de cada momento, de cada fracción de tiempo y de cada espacio disponible, tanto como lo hace el frío en esta montaña que silenciosa me hace testigo presencial de sus hazañas: quema, quiebra, mata y aniquila. Y es que el verano, justo como tú, dejó de venir por aquí hace ya tanto tiempo… ¡hace ya mucho tiempo!


José Luis de la Cruz Vallejo

D. R.