
Si pudiera te arrancaría de esa tierra y te sembraría en mi huerto hasta que ahí juntos muriéramos.
Si yo pudiera desgarraría las distancias, llegaría a ti y me ataría a tus pies para avanzar juntos.
Si yo pudiera sacudiría de ti tus males, los anudaría a una alforja y los tiraría a mi mar.
Si tuviera alas como el cóndor planearía por los andes como tu sereno guardián, es más, te elevaría a las alturas para que vieras tus cuestiones desde lo alto y vieras lo microscópicas que se vuelven desde allá.
Pero no soy nada ni nadie, ni hortelano, ni ave, ni costero.
Sólo soy hombre que cree y que quiere, que nace y que muere entre los montículos estrepitosos y complejos del sistema.
Por eso te cargo aquí, dónde se guardan las formas preciadas, en los fondos de la existencia, para sentirte pie con pie, para mitigar las tribulaciones juntos, y aminorar las feroces distancias.
José Luis de la Cruz Vallejo
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