sábado, octubre 04, 2008

Es otoño

HUELE A HOJAS, a café tostado y tierra polvosa. Es otoño.

El verano acaece lentamente postergando sus días calurosos hasta nuevo aviso. Los ciclos empiezan a ser más cortos, menos estresantes y más disfrutables.

Las jornadas en que el mercurio ardía en los termómetros de vidrio que casi se derretían han quedado atrás, ahora los frescores de las noches nos consienten con una cobija sobre el cuerpo y antojan la pernocta desde tempranas horas.

Mientras tanto las mañanas presumen su mejor panorama: cerros bruñidos y grandiosos nos despiertan por las mañanas para hacer apetecible la andanza diaria.

La fragancia a café nos alienta a renunciar a la almohada y la pijama. Paciente, el baño de agua caliente nos espera para alisar la desparpajada melena que nos esbozó Morfeo en la inconciencia de la noche.

Es otoño, hay que aprovechar la tregua meteorológica, hay que aprovechar la pausa en nuestra morada, hay que archivar las memorias del verano para luego traerlas de regreso con el pretexto de un buen saborcillo a café.


José Luis de la Cruz

sábado, septiembre 27, 2008

Parte tres... el día de la boda

TODA LA BOLA DE VIEJAS CHISMOSAS estaban en la Iglesia a mero adelante esperando que llegara la novia, se había retrasado un poco pues el padrino de carro quedó mal como suele suceder en estos casos, afortunadamente Luis, el novio de Carmela, se ofreció de buena gana para llevar a los novios en su taxi.

Todo mundo esperaba ansioso a los novios, a excepción de mija Azucena, que tuvo que quedarse en la casa esperando que llegara su novio pues como era trailero ese día venía retrasado de Torreón, pero dijo que nos alcanzarían en el salón.

Apenas se escuchó la marcha nupcial y todos voltearon pa la puerta de la Iglesia, señal de que la Novia había entrado a la Iglesia, nadie podía negar lo chulisísima que se veía mi Yoya, hasta las lagrimas se me salieron cuando pasó frente a mí; Yoya para mí era como una hija, yo siempre estaba con ella siempre que me necesitaba, siempre le tendí la mano en sus momentos más difíciles, desde el día que murió Tenchita su mamá estaba al pendiente de que no le faltara un taco pa comer.

Doña Adelfa y Carmela se quedaron de a seis cuando vieron el vestido esponjado, esponjado y las mangas llenas de lentejuelas, pues no sabían que yo le había cambiado el modelito a la Yoya. Parecía de esas novias que salen en las revistas de modas.

Se me hacía eterna la misa, el Padre Juan por quedar bien con toda la bola de las viejas de la colonia la estaba haciendo bien larga, y yo con el pendiente del salón pues mi viejo se había ido muy temprano pa picar el hielo y acomodar las sillas.

_De seguro ya de andar hasta atrás, pensé.

Y no me equivoqué, al momento de llegar al salón mi viejo tenía que bailar el vals con la Yoya como lo habíamos acordado, pero a leguas se le notaba que ya no podía estar en pie, andaba bien borrachote, me dio tanta vergüenza con todos, no pude soportar la miradas de la gente y no me quedó otra que entra al quite y bailar la mitad del vals con la Yoya.


Todo mundo bailaba y reía, ya eran como eso de las once de la noche y la Susy no aparecía por ningún lado, disimulaba mi intranquilidad yendo y viniendo entre las mesas checando que no les faltara nada a los invitados.

_ Hay Doña Adelfa, que bonito se le ve el vestido, de seguro le costó bien caro ¿verdad? Carmela me dijo que de seguro usted lo había comprado en el mercado de la plaza, pero yo le dije: ¿cómo crees?, Doña Adelfa a estos eventos le gusta ir bien vestida.

_¿Eso dijo Carmela?, Me preguntó.

_¡Claro! O que ¿me cree capaz de andar inventando cosas?

_¡De ninguna manera! Me contestó convencida, y me fui a otras mesas.

¡Cómo disfruté esos momentos!, me sentía como si fuera un evento de nuestra familia, tal vez lo que me hizo sentir así era el ver a tantos amigos míos reunidos ahí, eso claro, gracias a que Yoya entendió que me tenía que dar la tercera parte de las invitaciones para que invitara a quien yo quisiera, así dividió: Una tercera parte pa los familiares del novio, otra tercera parte pa ella y la otra tercera parte pa mi. Creo que era lo justo pues yo había invertido mi valiosísimo tiempo arreglando las cosas por aquí y por allá para que tuvieran una boda de sueño.

¡Al fin apareció Susy! Con presteza corrí a recibirla que venía del brazo de su novio.

_¿Mija, dónde te habías metido? Tu padre está enojado, le susurré al oído, tu sabes como se pone cuando toma.

_Mira mamá el es Memo, mi novio, vino a platicar con ustedes ¿verdad Memo?.

Claro, mucho gusto señora, ahora veo de donde sacó Susy esos ojos tan bonitos.


Después de tantos cumplidos los encaminé a la mesa de nosotros.

_Mira viejo, él es Memo, es novio de Azucena y viene a conocernos..

Pa esas horas mi viejo ya andaba hasta atrás, no sabía lo que hacía, menos lo que decía; por eso al escuchar semejante barbaridad se enfureció muchísimo pues no le caía en gracia nadita de lo le decíamos, no quería hacerse a la idea de que su hija ya tuviera novio.

Casi gritando les dijo:

_Mira Azucena, ustedes tan bien zafados, son unos mocosos pa andar con esas babosadas, no saben ni en lo que se meten, además tu madre siempre te ha dicho que el día que te cases lo harás con un muchacho con clase, no con un espantapájaros como este, que de seguro no ha de tener ni en donde caerse muerto.

_Señor: si quiere mejor mañana hablamos de eso; a lo mejor no es el lugar pa discutir, vamos a pasarla bien, ¿le parece?

_Que pasarla bien ni que fregados, aquí la estabamos pasando bien hasta que llegó usted jovencito, le dijo mi esposo, _ y ahora mismo se me larga por donde entró, no lo quiero ver nunca jamás.

En ese momento ajenas a lo que pasaba en nuestra mesa estaban todas las viejas con un arguende porque la Yoya iba a aventar el ramo, ahí estaban Carmela y Marinita en primera fila, mientras que Doña Adelfa desde su mesa pega de gritos la vieja de seguro esperando que le cayera el ramo a ella y al menos así sacar un poco de lo que invirtió.

En nuestra mesa la cosa se ponía ojo de hormiga, mi esposo y Memo se hacían de palabras cada vez más fuertes, la pobre de mija estaba en medio sin saber que hacer. Se veía como toda una niña, ingenua y pura, a luego luego se le veía su inocencia ante esas discusiones de adultos.
¡Basta ya papá! Gritó Susy _ ya estuvo bueno usted anda bien tomado, pero no me importa, le tengo que decir algo: Memo no se va de la fiesta, y menos ahora, porque él venía a hablar con ustedes no solamente para pedirles su permiso de ser novios, sino a avisarles que nos queremos casar …porque …porque…voy a tener un hijo de él.

Me quedé con la boca abierta, todo me dio vueltas y no supe que decir, en cambio a mi viejo fue como si le hubieran prendido un cuete, se enchiló y se le fue encima a Memo, mientras él ni tarde ni perezoso le propinó unos cuantos golpes que lo hicieron rodar hasta la silla en que estaba todavía la novia trepada aventando el ramo, la tumbó y cayó encima de mi viejo.

¡Hay Yoyita déjame ayudarte manita!, ¿No te pasó nada?

Fue lo único que pude decirle toda apenada, mientras que mi viejo y Memo seguían con sus demostraciones de golpes, además de los de algunos otros valientes que se les unieron para defender a uno y a otro. En unos segundos aquello ya se había convertido en una lucha campal como ninguna antes vista en el Pancracio de la Arena Coliseo.

El guardia del salón de fiestas desenfundó su pistola y fue de la única manera que pudo calmar los ánimos de los asistentes. De repente todo se quedó en silencio, solo la Yoya que estaba a chille y chille en un rincón asustada se escuchaba. …Casi toda la gente se empezó a retirar.

La boda se dio por terminada. Memo pasó la noche en la Delegación Sur; mi viejo pudo salir gracias a que como milagro caído del cielo onde ni nunca Doña Adelfa se ofreció a pagar la multa después de que me vio toda triste; por un lado por el pleito que armó mi viejo y lo del embarazo de Azucena, pero por el otro por el bochorno de haber echado a perder la boda de la Yoya.

Última parte…árbol que nace torcido…

Después de todo el mitote Yoya duró tres semanas sin hablarme, ni falta que me hacía, pero luego vino a mí disculpándose, me dijo que le hacía mucha falta y que finalmente estaba agradecida por mis buenas intenciones y que no era culpa mía lo que había pasado, en fin, quedamos en buenos términos.


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Azucena ya está por aliviarse le falta solo un mes, vive con nosotros pues Memo ya no regresó de unos de sus viajes. Para nosotros ese niño va a ser una bendición, ¡Estamos tan emocionados¡.

Hoy fui a separar el saloncito para hacerle un Baby shower a mija, invité a Marinita y a Carmela, se ofrecieron con unos tamalitos, va a ser algo muy sencillo, Doña Adelfa ya está bien puesta dijo que contara con un pastel y unos refrescos… Todo está volviendo a la normalidad por aquí.


…Fin

José Luis de la Cruz Vallejo



martes, septiembre 09, 2008

Parte dos... la despedida de Yoya


Parte dos…La despedida de soltera de Yoya.

_Ay Doña Licha de veras que se lució, nunca me imaginé que me estaba organizando una despedida de soltera.

_Ay mijita pos la verdad ni yo supe como pude guardarme el secreto; pero qué bueno que la estas disfrutando, le dije.
Yoya era una niña muy recatada y además muy ingenua así que todo lo que pasaba en la despedida para ella era novedad, imagínense cuando a Carmela se le ocurrió contar sus chistes colorados, los ojos de la pobre niña se abrían a todo lo que daban cada que escuchaba las leperadas de la Carmela.
Para distraerla un poco la incluí en la plática que tenía yo con Doña Adelfa, pero aún así estaba más entusiasmada con las sandeces de Carmela que con la conversación de nosotras.
_Yoya fíjate que estuve con la costurera, fui a recoger mi vestido, quedó divino, el color quiere decir mucho, pues ya ves que a mí siempre me ha quedado bien el color fiucha además el encaje se ve finísimo.
Apenas terminé el comentario y la envidia de Doña Adelfa brotó como grano en canícula.
_ de seguro ha de haber gastado un dineral en la tela Licha, con eso de que usted solo compra en los grandes almacenes, me dijo Doña Adelfa con pretensiones de incomodarme pues a ella menos que nadie le constaba la calidad de la tela, pues me había visto comprándola en los Amos de las Telas, una tienda para gente fregada allá en el Centro.
_Atención todos, es hora de que Yoya abra los regalos_ interrumpí con rapidez al momento que me levantaba del lugar, no podía permitir que Doña Adelfa se saliera con la suya.
La pobre de Yoya recibió bien pocos regalos, pero no podía esperarse mas de la bola de viejas tacañas, bueno a excepción de Marinita, siendo las más humilde de todas le dio el mejor regalo: un jarro de frijoles, un cucharón y una tarjeta que ella misma hizo con papel cartoncillo, Carmela le regaló unos calzones rojos disque pa la buena suerte, la agarrada de Doña Adelfa le llevó un abrelatas y un pelapapas, y yo, pues... no tuve tiempo de comprarle su regalo con eso de la fiesta me las vi bien apurada, pero le dije que en la primera oportunidad se lo llevaba.

Llegó el momento de retirarnos Susy se acomidió a ayudarle a Yoya con los regalos a su casa, se fueron platicando como lindas hermanitas, Susy me pidió permiso de quedarse en casa de Yoya pues dijo que tenía muchas cosas que platicar con ella.

_ Nos vemos Doña Licha, me dijo Marinita

_Ándale manita que te vaya bien, llévate las tostadas que sobraron para que cenen tus niños.
_ ¡Ay no cómo cree, qué abuso!
_ de veras, que al cabo ya las iba a tirar. A propósito Marinita ahí le tengo un vestidito rechulo pa que lo use en la boda, era de mi mamacita que en paz descanse, sirve que no gasta en esas cosas.
_Muchas gracias Doña Licha usted se va a ir al cielo con todo y zapatos. Me dio las gracias y se fue.
Ya cuando se acabaron de ir todas las viejas ruidosas me fui a acostar, había sido un día de mucho trajín; además al día siguiente tenía otros pendientes relacionados con la boda. Le estaba preparando una sorpresa a Yoya, me las había ingeniado para contratar un mariachi como regalo de nuestra familia, lo que no sabían era que convencí a Doña Adelfa y a Don Aurelio para que soltaran la soda y la cerveza de a gratis; y al jefe del trabajo de la Yoya, que me había ofrecido ir de padrino de lo mismo, pues le baje el dinero en efectivo, así los dos creerían que eran padrinos de cerveza y de soda. Con eso servía y hasta sobraba como pa llevar a los Reyes de Guadalajara, mi mariachi favorito. Un sueño alcanzado para mí.
Esa noche caí como piedra en pozo después de estar piense y piense que estarían platicando Yoya y mi hija Azucena…




jueves, agosto 28, 2008

Una boda como ninguna...


Queridos amigos, queridos lectores:

Hace un buen de tiempo que escribí unas cosillas que siempre he querido compartir con alguien que en realidad las aprecie, son algunos escritos que hice hace muchitos años, cuando eso de la "escribidera" empezaba a darme mucha comezón.

Hoy quiero compartir mis tesoros, mis joyas, mis alhajas en letras que surgieron en algun tiempo y siguen guardadas ahí, esperando ser leídas y apreciadas.

Se que esos textos tienen errores de sintáxis, gramaticales, pero la esencia está ahí, latente. No he querido maquillarla ni corregirla, así me gusta, "naturalita", y como tal se las comparto.

Siempre me he identificado también (aunque algunos no lo crean) con el estilo costumbrista, con el lenguaje ordinario del pueblo. Así que estos textos que compartiré son de esa línea.

El primero se llama "Una boda como ninguna" la recibirán en tres entregas, pues así fue escrita.

Espero la disfruten tanto como la disfruto yo cada que la desempolvo y la leo y la releo.

Gracias por estar siempre, aunque a veces yo me haga invisible a su vista.
Una boda como ninguna
( o.. una vecina como muchas)

Una boda como ninguna la escribí inspirado en las situaciones que surgen cuando se efectúa un enlace matrimonial de clase media baja, pero particularmente la idea vino hace unos días cuando asistí a una boda, y observando a las personas me di cuenta que se pueden sacar muchísimos personajes en ese tipo de eventos, diversidad de costumbres que varían de una familia a otra, de una sociedad a otra pero indudablemente en gente del pueblo se acentúan las características particulares que exagero en mis personajes, especialmente en la mujer (a veces son varias) que se involucra en el festejo haciéndolo parte de ella... o ella siendo parte del festejo.

PARTE UNO... LOS PREPARATIVOS

Y aquí estoy. Como siempre, al lado de quien más me necesita. La verdad es que soy la persona quien yo misma quisiera tener cuando surge algún momento difícil, o digamos no difícil, a veces simplemente son momentos que uno quisiera estar con alguien que lo apoye, que lo ayude. Como en el caso de la Yoya, se casa la semana próxima y como no tiene a su mamá pues de seguro ha de estar extrañándola, quisiera que ella estuviera a su lado con todo eso de los preparativos; pero ya le dije yo:

_No te apures manita, Dios es muy grande; mira que ponerte en mi camino justo en el día más feliz de tu vida, deveras manita, no te apures yo me encargo de todo, bueno hasta donde sea posible

_Hay Licha, usté siempre tan acomedida; se lo agradeceré toda la vida, me dijo.

Ya me propuse no dejarla sola, esa boda será la envidia de todas las viejas de la cuadra. La Yoya se lo merece, no hay niña mas dulce y bien portada en la colonia como ella. Mañana iremos a la costurera pues ya casi está listo el vestido, la verdad es que no me acaba de gustar el modelito, eso de no ponerle nada de antejuelas como que no es vestido de novia, además es de escote muy pronunciado y la Yoya con lo pechugona que está no le favorecerá en nada y no quiero ni pensar en la mirada recriminatoria del padre Juan cuando la vea entrar a la iglesia. Bueno, ya mañana veré como me las arreglo para hacerla cambiar de parecer, ese será mi primer pendiente para mañana. Después nos pasaremos con Doña Adelfa tengo que hacerla entrar en razón, ya le dije a la Yoya:

_ ¡Mira que vieja tan agarrada! vergüenza le habría de dar, anotarse en la lista de padrinos solamente de oraciones, no no no no no, con semejante tiendota bien pudiera ayudarnos con unas quince o veinte cajas de cocas y unos diez cartones de cerveza

Bueno, ese será el segundo punto en la agenda de mañana. No sé ni como sacaré tiempo para tanta cosa, mi viejo ya no se la cree eso de que me la paso cobrando la tanda, pensará que ando en la lotería y si le digo que ando con lo de la Yoya me dirá que eso no me incumbe, no entenderá que lo hago por el cariño tan grande que me inspira la chiquilla.

¡Ay! Ojalá y así tenga mija Azucena un ángel de la guarda cuando yo llegue a faltar. Aunque quien sabe, de la bola de viejas de la cuadra ni esperarlo, todas son unas fichitas, de todas no se hace una. Doña Adelfa, es una tacaña; al pobre de Don Aurelio, su marido, lo trae con las garras todas arrugadas nomás pa no gastar luz. ¿Marinita? Ni pensarlo, la pobre no puede con sus cinco chiquillos, menos tendría tiempo pa andar con mi Susy. Carmela ni se diga, pa que al rato ande la Susy como ella, que ahora de vieja no tiene ni quien le tire un hueso, después que le dio vuelo a la hilacha andando siempre de pajuela. Bueno, pero de qué me preocupo, a lo mejor a mí me va a tocar ver primero desfilar al mas allá a todas mis queridas vecinas.

Ya en la noche hablé con Azucena; le conté todo lo de los preparativos de la boda de Yoya, está tan emocionada, sobre todo porque quiere aprovechar el día de la boda para pedirle permiso a mi viejo de andar formalmente con su novio, ese día lo conoceremos. Ya es tiempo que mi Susy vaya pensando en esas cosas, a sus 17 años ya parece toda una mujer. No creo que su padre ponga objeción alguna, nos trae buenas notas de la escuela y no da problemas como los güercos de mis vecinas.
Ojalá y le toque un buen partido por que lo que son los vagos de la colonia no me gusta ninguno, y la mera verdad a la Susy le sobran pretendientes, mija es de sangre liviana y siempre tiene una sonrisa para todo el que se le acerca. Bueno, la realidad es que me veo organizando muy pronto la boda de mi hija.

sábado, agosto 09, 2008

Desnudo


LA TARDE DESISTÍA a marcharse. Los nubarrones iracundos vapuleaban la ciudad con alcarrazas de lluvia. El agua escurría a cataratas en los cristales de los negocios de la avenida ya casi vacía.

Yo me guarecí de bajo el techo de una tienda de comidas que estaba cerrada. Era verano, y el agua se le apetecía tanto a mi cuerpo.

La corbata y la camisa nueva que por la mañana había acicalado ahora me estorbaban, pues el sudor me empezaba a sofocar a pesar del viento que provocaba la lluvia. Sin pensarlo dos veces me quité los zapatos y la corbata, arremangué los pantalones en cuatro dobleces y me fui caminando por las calles del centro histórico.

El pudor no incumbía en esos instantes, las mujeres que veía a mi paso se cuidaban que el mal tiempo no desaliñara sus perfectos arreglos de cabello y maquillaje, yo no, no todos los días las nubes se descerrajan como hoy.

Era algo nada habitual para mí el pasear descalzo por esas calles, ellas me conocían solo con mi traje de ejecutivo clasemediero, esas calles solo atestiguaban mi paso apresurado del carro a la oficina y viceversa. Pero ahora era distinto, ahora me abrazaban los pies con sus ríos urbanos fecundos y me adulaban los tobillos con su urgencia.

Mis pies desnudos brincoteaban caprichosos entre las charcas mientras dos señoritas de paraguas y de aspecto secretarial me admiraban y sonreían, no sé si en son de burla o en son de envidia. ¡Qué importaba! Yo marchaba feliz. Todo era perfecto: noche, agua, fuerza, nubes, viento, calor. ¿Cómo negarme a esa ducha con acento de divinidad? Así que qué importaban esas risas suspicaces.

El pantalón mojado me pesaba tanto que se me antojaba correr desnudo bajo el agua. Sí, eso sería bello; despojado de ropas la libertad me sabría a magia y la lluvia a menta. Dejaría ir mis recelos en esos ríos urbanos y quedarían mis ansiedades ahogadas en los desagües inmundos.

No me quedaré con las ganas, los pronósticos indican siete días de lluvias ¡Siete es un número perfecto!, pienso mientras desaparezco en las ya desoladas calles.
José Luis de la Cruz Vallejo

lunes, agosto 04, 2008

Mis miedos

HOY ARRINCONÉ mis miedos y me fanfarroneé ante ellos, les reclamé las horas en que persiguen mis sueños y aceleran las pulsaciones en mi pecho.

Hoy reclamé a mis miedos los naufragios que aventajaron a mis triunfos, a mis victorias empañadas… a mis amores perdidos.

Mis miedos tuvieron temor a mis gritos siniestros, se volatilizaron por un tiempo para regresar después.

Yo los espero despierto para combatir con ellos, no les regalaré mis victorias, ni amores, ni triunfos, ni lo que esté por venir.



José Luis de la Cruz

lunes, julio 28, 2008

Evocaciones

PUEDO APRETAR mis ojos e imaginar los hoyitos que se forman en tus mejillas, y que se pronunciaban aún más cuando apenas eras una niña. Recuerdo como de ayer, esos tus primeros pasos, tus balbuceos, tus primeros dientitos, todo es tan perceptible.

Y qué decir de las veces que llegabas aterrada a interrumpir mi descanso, cuando los monstruos de tus sueños no te dejaban dormir, eso sí, siempre había un pedacito de cama para hacerte compañía en esos momentos tan pavorosos.

Todo es pasado, todo es recuero. Hoy es distinto, ahora tú podrás experimentar todas esas cosas que te cuento y que llenan mi vida cuando a veces parece vacía. Esas cosas bellas que encumbran a cualquier ser humano cuando su rostro se aferra al suelo.

Te ves tan bella en ese estado. Tus pechos de niña se han convertido en reservas santas para lactar a un crío, para alimentar a ese ser pequeñito e indefenso que buscará en tus brazos resguardo y calor. Te puedo asegurar que eso te da cierto temor, sin embargo se aferrará con su manita a tus dedos para tranquilizarte, y te lo dirá en ese tiempo para la comunicación en que se convertirán tus horas cuando lo nutras, y te lo reafirmará cuando te diga “mamá”.

He tratado de ponerle nombre a ese estremecimiento que me invade, pero no lo acierto. Me resulta tan complicado describir estos lapsos de perplejidad, de ansiedad. Te juro que he pasado noches sin dormir tratando de describir a mi torpe manera su rostro, sus manitas. Por las noches escucho su llanto y me despierto con el corazón a toda prisa. ¿A caso tendrán el color de tus cabellos los suyos? ¿Su risita sonará a cajita musical como sonaba la tuya cuando te alzaba alto con mis brazos? Me pregunto eso después de no se qué tantas vueltas sobre mi cama.

Hoy me olvido de los demás, me equivoco en las tareas más cotidianas, abandono mis citas y mis ocupaciones. Todo por ir más allá de tu vientre de cuna y por pensar en las muestras de amor que juntos le daremos.

Hijita, te pido un favor: dile que hay un hombre al que le llamará “abuelo” que le espera ansioso; adviértele que tal vez, cuando el día anhelado llegue, no podré decirle todo lo que le amo, pues el corazón entorpecerá mi lengua, como sucede cada que un instante tan bello me invade.

Dile que la cara de bobo con la que la recibiré no es la que siempre llevo, que seguramente su resplandor perturbará mi rostro y no me admitirá lucir de la mejor manera.

Dile lo que tengas que decirle, lo que te concierne, que yo solo le diré que hoy, cuando aprieto mis ojos, ya conozco los hoyitos que se formarán en sus mejillas.

Tu papá.


Con mucho afecto a ti, Alberto, felicidades.

José Luis de la Cruz Vallejo

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